Origen - Luis Marino

Origen

Luis Marino nos presenta una colección de fotografías cuando menos inquietantes. Con ellas nos abre las puertas a propuestas tremendamente innovadoras, especulando con hasta ahora poco explorados.

Desde que la realidad analógica entrara en crisis al hilo del advenimiento de la realidad virtual, no ha habido crítico que no nos recordara que la pretensión de que la fotografía ha de ser un índice de la realidad es poco más que absurda. En la obra de Luis se pone de manifiesto de forma clara porque los paisajes son conscientemen- te manipulados, inquietantemente artificiosos a pesar de su total , que confunden y agreden a quienes hasta ellos se acercan.

En una paradójica parábola constituye la desaparición precisamente para hacer notar su presencia, fuerza la capacidad perceptiva del espectador hasta hacerle recorrer a éste un camino de ida y vuelta, donde el del territorio se sugiere o se adivina más que percibirse. ¿Dónde está la obra?. ¿En el resultado final?. ¿En el proceso?. Tampoco. Ambos, proceso y resultado, son visiones parciales y complementarias de un todo que interactúa: la premisa conceptual.

El espectador debe adivinar, a través de la imagen, lo primigenio, el principio de todo, en definitiva, las geometrías, en la mayoría de casos simples y puras, adoptan un tono nuevo al tiempo que enigmático. La técnica permite acercarse lo más posible a la en un intento por imitarla, pero una vez que uno se ha acercado tanto, al final deja de serlo. La cámara sólo capta aquello que tiene delante y difícilmente permite conocer todas las circunstancias que rodean a una imagen. Al fin y al cabo, la realidad , como bien sabe Luis, no existe, sólo su representación.

José María López Ballesta Comisario de ‘Origen’

COREOGRAFÍA Xavier Mollà  

En un breve espacio de tiempo he viajado un par de veces a Mazarrón. No es la primera vez que visito este emplazamiento, indispensable en nuestro Mediterráneo, pero en anteriores ocasiones que he pasado por aquí no conocía a Luis Marino. Os aseguro que no tiene nada que ver.

Esta cita podría ser insignificante siempre y cuando vayas de mero turista, que no es este mi caso. Cuando descubres a una persona que te enseña su territorio como Luis, desde ese mismo momento, este lugar, pasas a amarlo y a convertirlo en tuyo. Nuestro espacio común, el Mediterráneo, está lleno de ilustres moradores que estiman su tierra, la proclaman y la difunden mediante sus creaciones, es por eso que Nuestro Mar está compuesto de personas que lo defienden desde lo más profundo de su convicción humana, a pesar de factores interesados que se empeñan en desmembrarnos y convertir una zona hermanada histórica y culturalmente en otra de desafortunados desencuentros y huidas a un mundo mejor por haber destruido el nuestro. Esto, desgraciadamente, también es el Mare Nostrum.  

Luis Marino es un ilustre mediterráneo digno de ostentar este título. Aunque he conocido antes su faceta de fotógrafo que la de pintor, escultor, e incluso cineasta, considero que no ha de haber distinciones de disciplinas artísticas delante de su obra. Su obra está siempre relacionada con su entorno. Luis es un acumulador de energía: Estudia, razona, investiga... y asimila, y nos ofrece su corazón a través de su obra. Después de Susaña, del pasado año 2014, ahora nos entrega su participación en Origen, junto con el resto de componentes del grupo artístico Almagra. Yo dividiría su obra en tres apartados aunque primero, un apunte. Tres propuestas y tres formatos para que el espectador se pueda encontrar con su propio espacio íntimo en cada una de ellas. Una danza compuesta especialmente para su territorio.  

La primera, y en mi opinión como continuación de la mentada Susaña, sigue con sus paisajes de texturas que invitan al espectador a emprender un viaje cercano, a su entorno más inmediato y con más razón ahora que utiliza el almagra y el gris como los colores básicos. Es una apuesta madurada con maestría desde un conocimiento absoluto de su espacio íntimo. Una evocación y homenaje a su vida como condición de hermano de mar. Una horizontalidad donde el visitante recorre de un extremo al otro la obra como el viajero que se desplaza de puerto en puerto buscando su Ítaca.  

Otra agrupación, digámosle la segunda, vertical, en su sentido más amplio de la palabra, nos abduce porque vamos buscando la referencia anterior de la urdimbre y de repente nos encontramos casi pegados a la obra con todo su perímetro, suave, desenfocado si me lo permitís, esta vez utiliza unos colores más plomizos, continuando sin estridencias cromáticas, nunca abandona los colores de la tierra. Se acrecientan las grietas, esos espacios profundos donde nos proyectamos cada uno de nosotros pero, atención, esto no es la Caverna y las sombras que vemos son nuestro reflejo.  

En la tercera propuesta, Luis Marino nos desarma. Necesitamos de las otras dos partes de este tríptico para comprender lo que estamos viendo. Nos propone que seamos nosotros los que descubramos su paisaje al ausentarnos de cualquier color. Cuadrado. Nos colocamos como el Hombre de Vitruvio, en su espacio, dentro de nuestra proporción. Esta vez estamos destinados a bucear en ese panorama, quebrado, tan sugerente como el que nos proporciona una imagen en blanco y negro. Nos propone una tarea a realizar que es apropiarnos de su paisaje subjetivo y volver al origen.    

En todo el conjunto fotográfico que nos regala Luis Marino observamos el paso de la vida del autor a través de esas cicatrices que nos muestra. Las huellas de su vida, de su carácter, de su sabiduría... creando una coreografía perfectamente orquestada con todos estos elementos. Un profundo estudio sobre su condición mediterránea y mazarronera para más detalles y, justamente por esta circunstancia, va a seguir obsequiándonos con más viaje mediterráneo. Quién sabe si la próxima vez más allá de su isla.  

Xavier Mollà
Ontinyent, noviembre de 2015


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